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Invertir en oro y otros activos con poco riesgo

Imagen: Dreamstime

El pasado mes de septiembre se celebró el centenario de la primera subasta del precio del oro en Londres, un hecho que marcó un precedente en la compra-venta de metales preciosos. 100 años después, en el contexto económico mundial en el que nos encontramos, con la guerra comercial entre EEUU y China y la amenaza de una posible recesión global, el oro está adoptando un papel protagonista.

Invertir siempre entraña riesgos , pero si queremos sacar rentabilidad a nuestros ahorros, en vez de dejar el dinero quieto en el banco, no nos queda otro remedio que hacerlo. Podemos ser arriesgados o por el contrario mantener una posición conservadora y elegir opciones más seguras. Del metal precioso siempre se habla como valor refugio, porque este tipo de inversiones son sencillas y entrañan menos riesgos. Pero si hay algo por lo que los inversores se acogen al oro es porque mantiene e incluso aumenta su valor en tiempos de turbulencias.

A diferencia de la inversión en renta variable, que se deja influir por el entorno económico y es muy sensible a los cambios, el oro funciona muy bien en momentos difíciles. Desde los orígenes de la humanidad ha servido como moneda de cambio y siempre se ha asociado al poder y al lujo. Es la única moneda que ha perdurado en el tiempo y que ha sobrevivido a todas las crisis. Además, si el mercado colapsa, el oro físico es una garantía de valor, porque jamás he perdido ese poder. Uno de los indicadores más certeros de su potencial es que cuando las economías flaquean, los Bancos Centrales hacen acopio de oro. En el último año muchos estados están llenando las arcas con este metal, Rusia es el país que más está invirtiendo, en estos momentos cuenta con más de 97.000 millones y China está haciendo lo propio, aunque es EEUU quien posee la reserva más abundante.

Si somos inversores novatos, o simplemente no queremos arriesgar demasiado, lo ideal es dejarnos asesorar. El oro se puede comprar de forma física en lingotes, monedas o barras, o también en una cuenta de inversión. Lo más recomendable es comprarlo de forma física. Hay muchas casas de oro, en ellas, además de comprar el metal, podemos guardarlo para que permanezca en un lugar seguro y con unas condiciones óptimas para su correcta conservación. Esta es la mejor opción ya que guardar lingotes en casa entraña sus riesgos.

Este tipo de inversiones se deben realizar con perspectiva de largo plazo y no como moneda de cambio, si queremos resultados rápidos esta no es nuestra inversión. Los expertos aconsejan no sobrepasar el 10% de la cartera de inversión con oro a no ser que no encontremos otros activos donde invertir. Antes de adquirir nuestro lingote es importante que estudiemos las comisiones, que dependerán del tamaño de la pieza y de sus características, si compramos más las comisiones serán menores.

El precio del oro por gramo oscila los 43,56 euros. En lo que va de año el oro se ha revalorizado un 14% y va por el camino de cerrar su cuarto año al alza, además el pasado verano llegó a sus máximos históricos. Es una de las inversiones más seguras y de las que más han aumentado, pero hay otras opciones, una de ellas es la inversión en bienes raíces.

Inversión en vivienda o bienes raíces

A pesar de que hay varios indicadores distintos sobre la situación del mercado de la vivienda, -el INE situó al mercado en caída por primera vez en cinco años- invertir en ladrillo es una opción favorable. Tenemos que tener en cuenta que estamos muy lejos de los índices del boom inmobiliario y que la rentabilidad va a ser inferior a la de años anteriores, pero aún así el mercado de vivienda se revaloriza porque es una inversión física que ofrece muchas posibilidades como la explotación, la venta o el alquiler.

No solo podemos comprar una casa, también podemos adquirir un local comercial, una oficina o un garaje que, en el contexto social y urbano actual, con la peatonalización de los núcleos urbanos, se convierte en una opción muy atractiva. Eso sí, depende de la ciudad o de la zona concreta donde vayamos a comprar. El inconveniente de estas inversiones es que requieren de un desembolso económico inicial elevado, concretamente un 20% del precio total, y muchos costes de mantenimiento, por lo que tenemos que estar seguros de que vamos a poder hacer frente a todos los gastos que nos puedan surgir.

Además de esto podemos invertir en renta fija -aunque esta inversión no atraviesa su mejor momento-, o abrir un plan de pensiones, que es un fondo en el que depositaremos una cantidad mensual fija o variable, que irá generando dinero y cuyos riesgos son mínimos.

En las inversiones no hay nada escrito, al embarcarnos en una debemos asumir que puede sernos favorable o no. Lo que sí podemos hacer es elegir los productos con menos riesgos, y siempre dejarnos asesorar, porque una garantía del pasado no asegura un beneficio en el futuro.

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alkotan
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No se.....negossio d eintermediarios"¦..mejor el wisky que en todo caso lo puedes beber

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Responsiblemining
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A lo largo de la última década hemos asistido a la eclosión de un nuevo elemento especulativo en torno a la industria del bitcoin que ha alcanzado valores de capitalización en bolsa de 800 billones de USD, y que según recientes estudios de MIT ya es responsable de emisiones de CO2 equivalentesa las producidas por dos millones de habitantes en un país occidental.

Históricamente han sido varios los bienes entorno a los que se ha generado este tipo de espiral especulativa y, paradójicamente con un valor añadido para la sociedad alarmantemente decreciente, desde la un día imprescindible sal, hasta los metales preciosos, y pasando por auténticas lecciones de historia económica como los tulipanes.

De entre todos ellos, brilla con luz propia una materia prima, el oro, ese elemento químico metálico de color amarillo brillante, el más dúctil y maleable de todos los metales, gran conductor del calor y la electricidad y tan escaso en la corteza terrestre que ha protagonizado algunas de las más cruentas guerras de nuestra historia y aún hoy se erige en epicentro de uno de nuestros conflictos contemporáneos, la batalla comercial.

En torno a él se está produciendo en los últimos meses un vistoso baile de los mayores productores mundiales por hacerse con una gran parte del billonario pastel dorado. Un tira y afloja que muy probablemente terminará con la creación de un nuevo conglomerado de producción mundial a escala planetaria con capacidad para influir en el devenir de los precios de uno de los bienes más preciados de nuestro planeta. Pero ¿es justificada esta veneración por el oro?, ¿es oro lo que necesitamos ahora que por fin parecemos concienciarnos en preservar más que en explotar?

La humanidad ha extraído oro de la tierra desde hace más de 6,000 años, y más del 80% del material producido hasta la fecha se concentra en la acumulación de "riqueza" tanto por parte de organizaciones públicas y privadas, como por unos ciudadanos que encuentran en este metal un valor refugio que ninguna moneda, circulante o virtual,ni por supuesto ningún otro bien físico puede igualar. Y no están desencaminados, el precio del oro se ha multiplicado por más de treinta veces desde 1968, hasta alcanzar el entorno de los 1,400 dólares por onza, o lo que es lo mismo,más de 50 EUR por cada gramo a día de hoy. Durante ese mismo periodo de cincuenta años se ha extraído el 60% del oro total consumido históricamente que asciende a la inimaginable cifra de 190 millones de kg, más de 15 millones de los lingotes utilizados de forma estándar por los bancos centrales de todo el mundo.

Actualmente se producen 2,500 toneladas de oro cada año, pero solo el 12% se destina a actividades con una finalidad de servicio diferente de la financiera. Sus aplicaciones son infinitas, desde la industria de la automoción hasta la medicina y pasando por la electrónica, pero si limitáramos su utilización únicamente a tales fines, no necesitaríamos producir ni una sola onza de metal en los próximos 600 años. Bastaría con utilizar simplemente el metal que ya hemos producido a lo largo de los últimos seis milenios, y que podría reciclarse casi infinitamente, evitando así la emisión de 45 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, el consumo de 650 millones de toneladas de agua y la energía equivalente a la demandada por más de 50 millones de hogares, así como la producción de más de 3,000 millones de toneladas de residuos sólidos"¦

Es, al fin y al cabo, el centro del dilema al que se enfrenta nuestro sistema productivo actual, entre lo que realmente necesitamos y lo que efectivamente producimos. Hace décadas supimos frenar la producción de los gases que estaban siendo perniciosos para nuestra capa de ozono y hoy ya estamos en la senda de hacer lo propio con el plástico, el papel y la quema de combustibles fósiles. Y en tanto gobiernos y corporaciones privadas son capaces de generar los mecanismos que nos permitan limitar la producción y el consumo de bienes y servicios intensivos en la utilización de recursos naturales finitos, nuestra misión como ciudadanos debería ser la de realizar un consumo y conservación responsable de ellos.

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