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BID: "Las políticas de primera infancia son la mejor inversión que puede hacer un país"

Varios de los ponentes durante la presentaciónd el informe en Casa de América. | Elisa Senra

El informe Los primeros años. El bienestar infantil y el papel de las políticas públicas, presentado esta semana en Madrid, en la Casa de América, deja un mensaje claro: apostar por medidas centradas en la primera infancia -el periodo que va de los 0 a los 2 años- es "la mejor inversión que puede hacer país alguno". Son palabras de Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), organismo a cargo del informe.

Las experiencias de la primera infancia, señala Samuel Berlinski, uno de los editores del estudio, "moldean la arquitectura del cerebro". La investigación de los últimos 50 o 60 años demuestra que la buena nutrición, el cariño y la estimulación que los niños reciben de sus padres tienen efectos beneficiosos no solo en el bienestar, sino que también conduce a salarios más altos y una menor criminalidad.

En los últimos 50 años, en América Latina se ha producido un descenso extraordinario de la mortalidad infantil, en términos relativos y absolutos: más del 75%, en los 17 de 19 países en los que se dispone de datos. En Brasil, Perú y Bolivia ha caído en más de un 90%, explicó Berlinski. El caso de Perú es singularmente notable: la mortalidad infantil en los niños de madres indígenas era, en los años 1990, del 100 por mil; en el año 2010, la ratio era el 25 por mil. Un descenso comparable tardó 50 años -de 1935 a 1985- en producirse en EEUU para el caso de la mortalidad infantil entre niños afroamericanos. 

A pesar de los progresos a este respecto, ocurre que en América Latina muchos niños ya empiezan la escuela primaria con "grandes rezagos en desarrollo cognitivo y de lenguaje", algo que ocurre con mucha mayor incidencia en áreas rurales. Por tanto, si las políticas públicas comienzan en los seis años de edad, "ya es demasiado tarde".

Hoy, en la región se invierte "poco o muy poco" en la primera infancia. El gasto en niños de 0 a 5 años es un tercio de lo que se destina a aquellos de 6 a 12 años. Por ejemplo, Chile, que es de los países latinoamericanos que más gasta, invierte 2.500 dólares por niño de 6 a 12 años, pero un poco menos de 1.000 dólares en el periodo de 0 a 5.

En la comparativa con la OCDE, la región no sale bien parada. En promedio, América Latina invierte un 0,4% del PIB en niños de 0 a 5; la media de la OCDE es 0,7% del PIB. Sin embargo, los países de la OCDE que mejor desempeño tienen -como Dinamarca y Noruega- destinan cerca del 1,7% del PIB a la primera infancia.

Otro de los problemas que acucia a la región es una "arquitectura institucional precaria": falta coordinación entre los actores que intervienen en la formación y el cuidado de los niños. No solo entre ministerios (intervienen frecuentemente las dependencias de Salud, Educación, Trabajo...), sino entre diferentes niveles de la Administración Pública y los actores privados.

Qué hacer

El desarrollo infantil tiene que ver con lo que ocurre en tres ámbitos: el hogar, en los jardines de infancia y en las escuelas. Hay ejemplos de casos de éxito que pueden ser orientativos. Como los programas de crianza, que consisten por lo general en que un trabajador se reúna periódicamente con una familia para influir y cambiar comportamientos. Un programa de este tipo desarrollado en Kingston (Jamaica) en 1985 arrojó efectos beneficiosos considerables y a largo plazo en desarrollo cognitivo, cociente intelectual, grado de escolarización, salarios y más. 

Las implicaciones para los poderes públicos, a juicio de Samuel Berlinski, son claras: debemos gastar más "y mejor". La calidad de los jardines de infancia es "muy baja" en el conjunto de Latinoamérica. Debe ponerse el foco no en el acceso, sino en la calidad del servicio. La inversión en primera infancia debería ser central en la estrategia de desarrollo de un país, sostiene Berlinski, "tanto como el Estado de derecho o el equilibrio macroeconómico".

Acabar con la desigualdad hereditaria

Este punto fue remachado también por Rebeca Grynspan, secretaria general iberoamericana, quien recordó que las desigualdades del siglo XXI vendrán "por la calidad de los servicios y no el acceso". A juicio de Grynspan, la intervención en la etapa de 0 a 2 años no se ha tomado lo suficientemente en serio en América Latina, y llamó a corregir la situación: "Es urgente que nuestros sistemas no repliquen la transmisión intergeneracional de la pobreza y la desigualdad".

Por su parte, Trinidad Jiménez, exministra española de Asuntos Exteriores y Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, razonaron que las políticas infantiles no pueden estar solamente destinadas a los niños, sino que deben abordar también la familia. En este punto, Carmena abogó por el papel protagonista de la mujer como "generadora de cuidados", en dos sentidos: uno inicial, biológico; y de manera crucial, incorporar esa visión al diseño de políticas a fin de generar una "sociedad de cuidados".

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