Sociedad

Conozca la historia de Ruth Buendía, la incansable líder indígena que sueña con saltar a la política

Ruth Buendía, presidenta de la Central Asháninka del Río Ene (CARE) | Foto:careashankinka.org

Ruth Buendía nació en la comunidad nativa Asháninka de Cutivireni, en la Selva Central de Perú, rodeada de naturaleza y ajena a los problemas de su pueblo. Hasta que estos acabaron con su infancia. Con 12 años, el terrorismo de Sendero Luminoso se llevó por delante a su padre y a su hermana mayor. Ella y el resto de sus hermanos fueron desplazados forzosamente de su lugar de nacimiento, una tierra a la que volvería años más tarde para alzar su voz, la de su comunidad y, en definitiva, la de los indígenas.

Buendía ha sido condecorada con el premio Goldman, en San Francisco, EEUU, por ser una de las personas que más luchan por el medio ambiente en todo el mundo, y con el Premio Bartolomé de las Casas, que reconoce su labor como presidenta de la Central Asháninka del Río Ene (CARE) a favor del respeto por los derechos y valores de las comunidades indígenas. "Estos premios me están abriendo la puerta para proponer y coordinar temas con el Estado para que atienda los problemas de nuestro pueblo", asegura en una entrevista concedida a elEconomistaAmérica.

Uno de esos problemas que amenazaba a los asháninkas era la construcción de la central hidroeléctrica de Pakitzapango. Sin embargo, gracias a su empeño consiguió paralizar las obras en 2011 aunque, advierte, "podría volver a retomarse en cualquier momento". "Se dio una concesión sin haber consultado al pueblo indígena. El Gobierno tiene que hacer un proceso de consulta previa que no hace", explica, molesta, Buendía.

La presidenta de CARE explica que de haberse construido la presa, "se hubiesen inundado 7.000 hectáreas de territorio, donde hay bosques y comunidades indígenas. Además, también se hubiese llevado por delante las pocas inversiones públicas".

Los indígenas y el poder

Los pueblos indígenas son comunidades olvidadas por el Estado, según Buendía. "El Gobierno de Alan García [presidente de Perú entre 1985-1990 y 2006-2011] fue muy malo para el pueblo indígena. En el año 2008-2009 hubo un enfrentamiento muy violento entre indígenas y la policía. Fue una matanza. También intentó aprobar una ley para deforestar nuestros bosques, sin tener en cuenta el derecho de los pueblos indígenas", explica.

Perú, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), crecerá un 3,6% este año y un 5,1% en 2015. Parece un momento idóneo para ayudar al desarrollo de los pueblos indígenas que, como ella asegura "no quieren privilegios". "Queremos las mismas oportunidades y los mismos derechos que el resto de peruanos, y esto será cuando tengamos una buena educación, una educación rural", recalca.

¿Y por qué no hacer estas peticiones en el Congreso? Una pregunta así ha debido de plantearse en algún momento Ruth, que confiesa que tiene "aspiraciones políticas" para poder "incluir y priorizar las atenciones de los pueblos indígenas". "Quiero que los servicios básicos de los indígenas se tengan en cuenta en todo el Estado", nos cuenta Buendía que, preguntada sobre si cree que en un futuro podría conseguir el éxito de Evo Morales en Bolivia pero en su país, asegura que lo ve "muy difícil".

Años de violencia

El padre de Ruth, Rigoberto Buendía, fue asesinado cuando ella tenía solo 12 años, víctima del conflicto armado interno que sacudió Perú entre 1980 y 2000. Su familia, a la que también arrancaron a la hermana mayor, tuvieron que desplazarse a la ciudad de Satipo, donde tuvo que pasar varios años. "Para mí ha sido muy difícil superar esa experiencia. Pero no fui yo sola la afectada, muchas niñas dejaron de tener una adolescencia".

Sendero Luminoso, la guerrilla de Perú, encabezados por Abimael Guzmán en aquel entonces, querían llegar a la política mediante pactos con indígenas, que a menudo se negaban. "[Abimael] quería ser presidente de la República formando un partido maoísta. Sabía que en la selva no intervenían los demás partidos así que viendo esto se le ocurrió la idea de aliarse con los pueblos para llegar al poder. El pueblo era analfabeto y se acabaron creyendo que se podía tomar el poder mediante las armas", explica Buendía.

El temor por Sendero Luminoso ha desaparecido, pero los asháninkas siguen sin vivir en paz. Ahora, relata Ruth, las amenazas de su pueblo son las multinacionales, que quieren explotar su territorio, y el narcotráfico. "Vivimos en permanente alerta porque en cualquier momento pueden venir narcotraficantes y chantajear a los líderes locales con dinero para usar su tierra y plantar coca". Y donde hay problemas de narcotráfico, ahí está el Estado. Ruth asegura que en muchas ocasiones aparecen los militares a plena luz del día, cuando los niños están en clase. "Se asustan, lógico. No estamos tranquilos. Así es como vivimos".

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Comentarios 2

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sudalandia
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me la su da

Puntuación -5
#1
DANIDANI
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vUESTROS DERECHOS ACABAN DONDE EMPIEZAN LOS DEL RESTO, Y NO ESTíN POR ENCIMA DEL RESTO...SI X MILLONES DE PERSONAS SE VEN FAVORECIDOS POR UNA PRESA, DEBERÍA DARNOS IGUAL LA OPINIÓN DE 1.000 INDÍGENAS, YA QUE NO NOS VAMOS A AGUANTAR MILLONES DE PERSONAS PARA QUE ESTA GENTE ESTÉ CONTENTA....

Puntuación -3
#2